Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

UNA CRÍTICA AL PODER PATRIARCAL

Por: Carmenza Saldías Barreneche 

Es necesario remontarse a la pre-historia para conocer los antecedentes de este intento por ahora, poco menos que fracasado.

 

Entonces, el poder de las mujeres estaba asentado en tres grandes hechos: su rol maternal, que la acercó a desarrollos tan notables como el lenguaje, crucial en el proceso de crianza y crecimiento de la prole, y de la civilización humana; su dominio de la agricultura, que se convirtió a la postre en la base del asentamiento y el fin del nomadismo, y aun mas, en la base de las demás actividades económicas, sociales, políticas y administrativas; y el control sobre su territorio –la casa y lo local-, que se constituyen en las bases de la sociedad moderna: la familia, la propiedad y el estado (local).
Poco menos que eso estaba en manos de las mujeres. Y aunque suene a especulación, pues quedan pocas evidencias de cómo eran ciertas cosas, tal vez no sea arriesgado decir que entonces, esos papeles eran reconocidos en su valor social y económico, y de ahí la participación de las mujeres en las esferas de poder y toma de decisiones y de ahí la importancia de su criterio para administrar la sociedad.


Pues bien, eso fue lo que perdimos cuando los “hombres”, primero, se apropiaron de lo relevante, segundo, le eliminaron el carácter de productivo a los roles de las mujeres; tercero, les restaron poder y participación en su nuevo mundo; y cuarto, establecieron las nuevas dimensiones: lo público, lo productivo no domestico y el Estado Nación. Entonces se perdieron los vínculos con las funciones esenciales, hasta llegar al mundo moderno, en el que la afectación de la naturaleza, los riesgos ambientales, la inseguridad alimentaria, la irracionalidad económica, la inestabilidad política y la falta de cohesión social prevalen en un escenario, en el que las formas de poder son las que se impusieron por sobre las mujeres y la humanidad, desde épocas inmemoriales.
Entonces, la critica al modelo de poder convencional desde el feminismo actual pone de presente que aquel se fundamenta en la fuerza y el ejercicio del miedo y la intimidación. Desde Noe que nos salvó en el diluvio, poco se dice de la mujer, y de las fuerzas de la naturaleza, hasta el último guerrero “vencedor” en cualquiera de las innumerables batallas y guerras, todos están siempre ofreciendo una paz, que no puede durar porque ellos se quedarían sin oficio. Y su oficio se alimenta de hacer creer que siempre hay un enemigo por derrotar, esfuerzo al que hay que ponerle todo el empeño. Y en la versión para la fantasía, siempre son las mujeres (o los niños y las niñas) las que deben tener miedo del diablo, la bruja, el coco, el lobo, y siempre en un príncipe, un leñador, un vaquero, el que los rescatara de los peligros y asechanzas, que a la postre son una piñata al lado de la realidad cotidiana que aparece cuando, una vez se besa al príncipe, este se convierte en sapo.
Es pues una obligación del debate feminista tratar el asunto del poder patriarcal. Hacer explicito su carácter guerrerista, y su disposición al combate, llámese arena económica, política, deportiva o de batalla. Y recordar que los botines preferidos de la guerra son las ciudades y las mujeres, cuya violación confirma al ganador y aniquila al derrotado.
Y el poder masculino se impone en la sociedad, por la guerra, y en la casa, por la violencia domestica. Desde la vieja ilustración del cavernícola arrastrando a su mujer del pelo hasta la del macho costeño que hace unos meses la agarro a golpes contra su mujer, hasta casi matarla, limite que sin embargo son demasiados los que traspasan, en el mundo en desarrollo y en el desarrollado.
Y la razón fundamental de los machos para atropellar a sus mujeres es el carácter dependiente de estas, su inutilidad y poco aporte a la sociedad. Desde hace tiempo que se hizo ley aquello de que “mi mama no hace nada” y así las cosas, el marido, el hombre, manda y dispone, con criterios de la pre modernidad. Entonces la economía y el dinero son el otro medio: lo que no se consigue por la fuerza se compra o viceversa. Y entre el carácter guerrero y el mercantilismo aplicado a la lógica de las relaciones humanas, el dinero que valía era el creado por los hombres mientras la riqueza de la vida diaria y la sostenibilidad cotidiana no solo no tenían valor sino que se han visto como un gasto.


Poco más le pasa a las ciudades, que al amparo de las Naciones aun las hacen pasar por las grandes mantenidas de los sistemas estatales. Como si no fuera la economía de los territorios la que produce, o no fuera el territorio el asiento de la realidad social, más allá de las entelequias.
Digamos entonces que el poder patriarcal es: antropocéntrico, individualista, autosuficiente, independiente, jerarquizador, dominador, elitista. Casi la antitesis de un poder femenino, pero funcional a la situación de dominio de un género sobre el otro y la naturaleza, desde un enfoque en el que la naturaleza y la otra son objetos para tomar a discreción mientras los machos humanos y sus instituciones juegan a ser los  reyes de la creación.
Y solo en la medida en que seamos capaces de establecer y decirnos la verdad sobre el modelo patriarcal, y de confrontar a sus representantes y sus discursos, podremos saber de manera realista y conciente donde y como participar, para que y con quienes participar, que lugar ocupar en el escenario de la política. Y superar el viejo papel, el papel inicial, la primera fase, en que hemos sido idiotas útiles, para empezar a ser contradictoras propositivas e incluso molestas, pero más proactivas y creativas en la escena política de la sociedad.


Las bases del poder de las mujeres
En lo personal, siento una profunda curiosidad por saber como fue, si lo fue, o como será, o como seria una sociedad en que las mujeres tuvieran un lugar equilibrado y justo (conceptos ambos de difícil definición, pero que en aras de la charla, doy por conocidos y sentidos). Claro, se que estoy acercándome a una utopía. Tengo la certeza de que hoy las mujeres estamos teniendo opciones negadas a las anteriores generaciones; que las mujeres hemos, estamos, vamos de a poco, superando algunos rasgos del machismo tal como lo hemos conocido y que esto deberá reflejarse talvez en hijos e hijas menos machistas que a su vez enriquezcan este proceso de recuperación del equilibrio de géneros… Pero pienso que estas son apenas las primeras muestras de lo que se avecina.
De un lado, porque la evolución de la crítica al poder patriarcal necesariamente tiene que conducirnos a formular una contrapropuesta o una propuesta de conciliación sobre la forma de manejar el poder desde una perspectiva mas contemporánea. Y eso significa que las mujeres debemos revisar nuestras propias historias para encontrar las fuentes del poder original, a partir del cual replantearnos nuestra participación, pero mas allá, la forma de ejercer y concebir el poder en lo sucesivo. Y estas fuentes están en donde estuvieron al principio: en lo local y lo domestico, en el rol de la reproducción, en el trabajo de socialización y humanización de las crías. Roles y trabajos que son hoy, en la sociedad de los servicios, otra vez relevantes.
Y es nuestro deber, de esta generación que dejó lo domestico o lo ejerció de manera simultanea con otro (la doble jornada), o lo compartió con una pareja evolucionada, repensar lo domestico, que si bien tenia cosas insoportables que debían cambiarse y se han o se están cambiando, no es menos cierto que tenia bondades por redescubrir, intereses por despertar y capacidades y oportunidades para ofrecer que, en justicia con los millones de mujeres y aun de personas de cualquier genero, que hoy y mañana seguirán haciendo estas tareas y moviéndose en estas esferas, es preciso revalorizar y reconceptualizar, más allá de las posiciones maniqueas o en exceso románticas sobre lo doméstico.
 
Pero de otro lado, al menos a mi me pasa, al cabo de una vida trabajada en el mundo de lo público – no lo digo en tanto sector publico, sino como lo contrario a lo domestico-  entre otros saldos me queda una profunda decepción en la medida en que si me preguntan: allí tampoco estaba la felicidad ni la realización plena. Y el mito del trabajo afuera es al final de cuentas, como el sueño americano, que termina muchas veces en pesadilla.
Entonces, es posible pensar en que en una sociedad justa y equilibrada:
  • La reproducción
  • Lo domestico
  • El cuidado
Lo local (en los siguientes apartes, solo tratare tangencialmente este concepto, aunque es esencial para el ejercicio del poder  de las mujeres)  serán conceptos y espacios referidos a las formas más concretas y cotidianas del poder, fuente de importancia y respaldo social y político para las mujeres y demás personas que lo ejerzan. Trataré de explicar en que sentido es preciso reformular tales conceptos.

a) En relación con la retribución por la reproducción (de la especie, como función social esencial): ¿Qué valor se otorga a la reproducción o no reproducción? Actualmente se “paga” por: óvulos y espermatozoides, adopciones, alquiler de vientres, aumentar la tasa de natalidad, bajar la tasa de natalidad. Es evidente que los insumos, el proceso o el resultado de la reproducción están siendo “retribuidos” con dinero, pero solo una porción se consideran en el mercado.
¿Cómo incluir la actividad en general en el sistema económico? Nuevas compensaciones podrían estar derivadas del resultado global obtenido con el trabajo materno sobre la tasa de mortalidad infantil, o las enfermedades mas onerosas en vidas o dinero, etc. La economía de la reproducción y el cuidado.
Para profundizar la inclusión de la población femenina en la dimensión económica, en el marco de la sociedad actual, es preciso superar las falsas dicotomías entre lo público y lo privado, entre lo productivo y lo no productivo. En realidad, en cada espacio y bajo condiciones particulares, se dan hechos económicos que se influyen mutuamente y que contribuyen de manera directa o indirecta a la sostenibilidad general de la sociedad, en tanto representan la forma de atender integralmente los distintos tipos de demandas de la población en general.
 
En estos términos, no se trata de inventar que poner a hacer a las mujeres, y aumentar la exigencia sobre este sector poblacional con sistemas laborales que se diseñan para personas sin responsabilidad en lo domestico, excepto como “proveedores monetarios”, y que establecen situaciones perversas como la doble o triple jornada. Tampoco se trata de volver parte del sistema laboral actual los puestos de amas de casa ni de pagar “salario” a quienes lo realicen. Aunque es probable que en un futuro lejano, que tal vez no veamos, las cosas ocurran de esta manera.
Se trata si de reconocer el valor de la economía que se ha desarrollado en la denominada “esfera domestica”, la cual esta en la base de la acumulación ampliada y del dinamismo de la “producción”. Y se trata de imaginar nuevas formas de compensación o retribución que retornen a las mujeres un beneficio para si, derivado de lo que aportan en la producción y reproducción social.
En cuanto al valor de la economía domestica, no es posible seguir sosteniendo que esta es improductiva ni asignando a las mujeres la calificación como dependientes del proveedor económico.
oDebe revisarse el significado de la reproducción  o no reproducción para el sistema social general y económico en particular. No es posible que “La vida sea sagrada” pero la creación y producción de las condiciones fisiológicas, físicas, materiales y hasta espirituales para la misma no tengan relevancia ni reconocimiento alguno, en los términos de la valoración del sistema económico, que determina la subestimación de todo lo referido al tema o su consideración como un acto simple de reproducción espontánea y natural, cuando no animal.
 
Los procesos y actividades realizados en la esfera domestica cumplen a cabalidad la definición básica de producción y productividad. Tanto así, que cuando las actividades asociadas a esta esfera se realizan en el mercado, adquieren los mas diversos valores y valoraciones, siendo en la actualidad el sector terciario uno de los más dinámicos de las economías modernas.
Desde esta perspectiva, las actividades realizadas en la esfera domestica para atender las demandas cotidianas de la población se constituyen en actividades de la economía de la reproducción y el cuidado, concomitantes con aquellas que se realizan desde el sistema de seguridad y protección social, y complementarias con los servicios que se prestan en equipamientos y logísticas de bienestar social, educación, salud o atención a poblaciones especiales, entre otras.
El gobierno deberá comprometerse en el diseño de políticas, proyectos o regulaciones que contribuyan a poner en evidencia una nueva forma de interpretar el valor del trabajo realizado tradicionalmente por mujeres y en la esfera domestica.
a) En relación con la retribución por la economía del cuidado:
El Estado provee las condiciones económicas para la producción (macro y micro) y las condiciones (macro) para la reproducción. En el sistema falta reconocer la importancia de lo domestico en la provisión de las condiciones (micro) para la reproducción, sin la cual las otras no serian posibles.

 
En tanto se deba cotizar al sistema de seguridad y protección social general, se deberá reconocer alguna compensación a quienes realizan la porción domestica – micro del sistema económico integral.
Los pagos no necesariamente son dinero, sino acceso a beneficios sociales: educación, cultura, recreación, seguridad social, capacitación… que deriven en ganancia de autoestima, reconocimiento y seguridad para las mujeres, y oportunidades de participación en las instancias sociales, comunitarias, de poder, etc.
Los servicios de la economía del cuidado hacen parte de los que más contribución exigen de los ciudadanos, cuando se trata de sostener el sistema público, y de los más costosos en el mercado, cuando lo presta el sector privado. Eso significa que algo de lo que se cotiza por seguridad social debe ser para pagos en la esfera domestica, y que algo de lo que se paga en el mercado es el piso o el techo, el rango, en el cual debe establecerse una unidad de medida del costo de producción, y en consecuencia del precio correspondiente, por los servicios prestados al interior de lo doméstico.
Todo lo anterior no excluye la necesidad de pensar en la incorporación de las mujeres a la esfera “formal”, en los factores que la estimulan o retrasan, en los sesgos que permanecen en la educación y afectan tal entrada al sistema económico convencional, etc. pero en el corto, mediano plazo, la posibilidad de crear puestos de trabajo para incluir a las mujeres como tal en el sistema, es bastante reducida por no decir inexistente.


No es solo el actual desempleo sino también la tendencia a la disminución del numero de empleos en general, o la reducción estructural en la demanda por fuerza de trabajo en condiciones de crecimiento y elevada dinámica, o el deterioro general de las condiciones de trabajo: nivel de salario, seguridad, estabilidad, beneficios asociados, entre otros.
Sin embargo, la esfera domestica dispone ya de la posibilidad de aumentar el numero de puestos sin crearlos, de aumentar la inserción en el mercado laboral sin crear nuevas cargas en la economía: inversión, mantenimiento, etc. y de incorporar enormes contingentes de la población al sistema económico en condiciones de equidad y con la aplicación del principio: de cada quien según su capacidad”.
No puede seguirse con el discurso de la importancia de los servicios en la economía actual, ni con la justificación de los costos que implican los servicios asociados al cuidado o los precios que tienen en el mercado, sin considerar la economía de la esfera domestica. Esta representa el cluster de servicios mas transversal, mas integral, mas completo posible, sin el cual la producción, en ausencia de personas, ahorro o tiempo disponible, carecería de oportunidad. Pero tampoco la sociedad sería sostenible o aumentaría a niveles exorbitantes el costo de vida si cada persona tuviese que obtener todos los servicios para si en el mercado.

La esfera domestica es el ámbito mas novedoso de políticas públicas y de mayor reto para los temas laborales a cargo del Estado. Cualquier otra consideración hace parte del mantenimiento de un statu quo que no esta facilitando las cosas para las mujeres ni siendo justo con el trabajo y el valor que este genero aporta a la sociedad.

 

Por último, las condiciones actuales son más favorables que en otras épocas para estos temas: las actividades domésticas han ganado reputación para lo público y un hombre en la cocina ahora es un nuevo prototipo; las nuevas formas de familias exigen otras valoraciones de lo que estas dan y esperan de retribución; el reconocimiento a los derechos de LGBT, que generan nuevos actores de lo social y lo domestico.
* Apartes de la ponencia presentada en el marco del Foro Mujer y Poder organizado por la Secretaría de Equidad de Genero para las mujeres vallecaucanas. Abril 2007

Tags:
MeneameMeneame | del.icio.us

No hay Comentarios »

Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>